Fue el
momento en que mataron al árbol el motivo de que abandonara el nido. Unos dicen
que lo mató el viento, otros que fue culpa de las raíces que no aguantaban tanto
peso.
El
pajarraco vio lo que había pasado. Un vecino se acercó de madrugada con una
motosierra, harto de insomnio y de tanto trino.
Ahora que
no tiene nido, observa desde la fachada el cuerpo del vecino; tiene serrada una
pierna por culpa de la ira y el cuerpo cubierto de hojas y ramas.
Una buena
mujer, como cada día, esparce miguitas de pan justo en el lugar que ocupaba el
árbol caído.

