Me
dicen fea, y no me asusta,
piensan
que me afecta
que
me incordia y hace daño,
pero
a mí eso no me inquieta.
Eres
fea, me gritan a cada momento
me
vuelvo, mirándoles a la cara
les
sonrío mientras me suelto el pelo
y
sigo como si no escuchara nada.
.
Dicen
que estoy sola porque soy fea,
nada
de todo eso es cierto,
no
estoy sola, estoy desatada
y
hago con mi vida lo que quiero.
Mientras
van sangrando las heridas
lucho
cada día por hacer mejor las cosas
al
menos vivo con mis recuerdos,
disfrutar
la lectura de un buen libro,
los
vinos buenos servidos en copa,
los
buenos ratos, que los hay y los he tenido,
los
rincones alumbrados con farolillos de deseos
o
los campos de lavanda en primavera,
la
fragancia del tomillo y del romero
y
las amapolas a los lados del camino,
los
atardeceres del otoño en mi pueblo,
el
primer amor de quinceañera
y
de los camposantos, su silencio.
¿Y
crees que me importa que me digan fea?
Fea
por fuera, pero llena por dentro,
llena
de tildes, de acentos y de comas,
de
puntos seguidos y de puntos finales,
de
frases largas y de palabras cortas,
de
los silencios interminables,
de
escribir mi vida en un diario.
Llena
de gritar cuando estoy sola
o
de guardar flores secas en los libros,
llena
de amores entregados sin respuesta
y
llena de pedir explicaciones
y
de obtener respuestas silenciosas.
De
mi vida ese ha sido el estribillo
llamarme
fea, pero al patito también
y
resultó que no era ni feo ni patito,
era
un hermoso cisne
criado
en un entorno que no era el suyo.





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