CONCURSO RELATOS EN CADENA
Con sus flamantes nombres en latín atornillados al pedestal, las estatuas parecían centuriones romanos. ¡Son tan bellas con sus atuendos y sus armas! Era el comentario más escuchado.
En los
talleres del museo, un operario ultimaba los detalles de otra talla.
Entretanto,
en los pasillos de la galería todos pasaron un detalle por alto: un niño se
distraía observando a una de las estatuas moviendo los ojos convulsivamente,
como estuviera pidiendo ayuda.
Hacía dos
días que un humorista había desaparecido. Era el cuarto en lo que iba de año,
según informó la prensa aquel día.
Dicen que compartía
chistes malos en las redes.

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