Le
pregunto con amabilidad cuánto me costará la cena. No recibo respuesta, ni
siquiera me hace caso. No se cómo ha averiguado que no tengo dinero y eso que me
he puesto la mejor ropa que llevaba en la bolsa. Un pantalón sucio, una camisa
arrugada y una rebeca con dos agujeros, uno en cada codo. Me invita a salir del
local con una mirada severa y peores modales. Deambulo por la calle. Me meto en
unos aseos a ver si se me pasa el frío. Me cierro con el pestillo. En un ataque
de ira saco un bolígrafo y escribo en la puerta:
—¡Tengo
Hambre!

Siempre sabes hacer de lo poco mucho, sigue así, un abrazo !!
ResponderEliminarGracias
EliminarDuro pero no menos real
ResponderEliminarGraciassss Rousss
EliminarLa realidad es siempre sencilla..No se puede decir tanto con tanta sencillez la ruina de sociedad que tenemos.
ResponderEliminarGraciassss
EliminarComo siempre, con su zasca bien dado. Genial, Alfredo👏🏻👏🏻👏🏻
ResponderEliminarGraciasss Elena
EliminarSi uno tiene hambre,
ResponderEliminarsueño, sed y frío,
el estómago vacío,
al final llega al hastío
de vivir en el alambre
y se convierte en fiambre
en un aseo sombrío.
Magnífico, estético y tétrico pero
tu plumín prolífico resulta siempre muy poético.
Felicidades Alfredo;
Gracias David
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