jueves, 23 de julio de 2026

INQUIETANTE


 

Una vez dentro de la cabina telefónica, cerró la puerta tras de sí, sacó unas monedas y las fue introduciendo en la ranura; acto seguido descolgó el auricular y marcó uno a uno los nueve números; después de varias señales de llamada, sintió como descolgaban el auricular al otro lado y comenzó a hablar.

—Hola mamá, ¿Cómo estás?

Le fue contando todo lo que había hecho desde que se había levantado esa mañana, lo que había comido, dónde había estado, a quien había saludado y a quién no.

Se gastó todas las monedas que tenía, entonces se despidió angustiado. Colgó el auricular de nuevo y salió de la cabina con lágrimas en los ojos.

Se perdió entre los transeúntes calle abajo en dirección a su casa.

Su madre hacía seis meses que había fallecido, pero él la seguía llamando todos los días.

Tres semanas más tarde comenzaron a retirar de las calles las cabinas telefónicas.

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