miércoles, 12 de agosto de 2026

LA CASITA DE JUGUETE


 

Habían pasado pocos días desde que celebró su décimo cumpleaños. Por petición expresa, sus papás le regalaron una casita de madera, aunque más bien parecía un edificio, muy parecido al que ellos ocupaban junto con unos pocos vecinos en la calle de la Fuente, en la ciudad.

—Pero tú te encargas de llenarlas de muebles y de muñecos —le había advertido su madre.

Una mañana, estando la niña jugando con la casita en su habitación, entró su madre y cayó en la cuenta de que estaban todas las estancias de la casita ocupadas menos la que teóricamente ocupaban ellos en la realidad. Se acercó para observar la casita más de cerca y observó que las estancias que estaban ocupadas, tenían rasgos y similitudes con gestos y objetos que en alguna ocasión había visto portar a los vecinos y eso le causó cierta sorpresa y curiosidad.

De repente notó cómo la rociaban con un líquido viscoso.

Cuando abrió los ojos, no daba crédito a lo que tenía enfrente. Era su marido junto a su hija. Estaba haciendo lo mismo que hacía ella tan solo unos minutos antes; era gigante, la observaba, pero ella no podía moverse. Además, había empequeñecido; se dio cuenta entonces, que ocupaba la estancia de la casita que aparecía vacía.

La niña, en un descuido de su padre, le roció con el líquido viscoso; seguidamente, cogió a su peluche en brazos, y mientras le acariciaba, se dirigió a su gato diciéndole al oído:

—Solo faltas tú, gatito, para que en la casita estéis todos.

 

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