VI
edición del certamen de microrrelatos Pablo Aranda
Manuel era
confidente de los nacionales durante la postguerra además de fanfarrón y
charlatán, y se jactaba de ello. Su mujer insistía en que mantuviera la boca
cerrada; las paredes oyen, le decía.
—Qué
más da que oigan si no pueden contárselo a nadie—respondía.
Un
día Manuel apareció degollado en el salón de la casa; detrás de él un gran
boquete en la pared presidía la estancia.
La
casa escondía un topo de la guerra civil, pero no lo sabía nadie. Ese día se
hartó de las bravuconadas del chivato y decidió salir para ajustarle las
cuentas.
Similar a girasoles ciegos, trinchera infinita, ... pero mas original...jeje
ResponderEliminarGracias
EliminarCon su toque un poco macabro👏🏻👏🏻👏🏻
ResponderEliminarGracias
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