
Al salir de casa, ya notó algo
una premonición, un presagio,
tomó la vereda como de costumbre
y enseguida llegó al prado,
empezó a recoger plantas
medicinales
manzanilla, eucalipto, lavanda y
tomillo
amapola, hinojo y otro tipo de
tallos,
sin percatarse, se vio lanzada al
suelo
pensó en un golpe de viento,
un traspié, un resbalón o un
tropiezo,
sin más, una mano le tapó la boca
mientras otra rasgaba su vestido
hurgando sus partes y sus piernas,
manoseando nervioso sus senos
le vio la cara y no dio crédito
era un familiar, su padrino de boda,
forcejeó, luchó, peleó hasta donde
pudo
intento gritar, morder, sin conseguirlo
se rompió las uñas, se lastimó los
dedos
le dejó marcas en la cara y en el
cuello,
con una sonrisa, le reclamaba silencio
la penetro, y después se le echó
encima
eso también le dolió lo suyo,
perdió el sentido, se desmayó,
pasado un tiempo, despertó
dolorida, desorientada, hundida
en el campo, en mitad de la nada
con las flores y los tallos tirados
su ropa ajada, esparcida, su moral rota
con sentimiento de culpa, ¿de qué te
culpas?
Llegó a casa casi desnuda, como
pudo,
su madre lo notó enseguida,
su padrino, jugando a cartas en la
tasca
como si no hubiera pasado nada,
“que lo dejara pasar, que lo
olvidara”,
los unos, “que lo denunciara,
que pagara por ello”, los otros
una vergüenza para la familia, el resto,
ella solo quería estar sola
su madre la acompañó a comisaría
“que andaba poniendo trampas ese
día,
la vio sola y sintió mucho deseo”
dicen que confeso el padrino,
ahora, psicólogos, estadísticas,
denuncias, siquiatras y un embarazo
y, sobre todo, hecha añicos una vida.
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